GANADORES DEL CONCURSO ¿QUÉ CUBA QUISIERA JOSÉ MARTÍ?

La Fundación para los Derechos Humanos en Cuba (FHRC) anuncia a los ganadores del concurso ¿QUÉ CUBA QUISIERA JOSÉ MARTÍ. El ganador del  primer premio del ($300 dólares) es el joven holguinero Alexei Cruz Ramirez.

El concurso contó con una participación masiva desde todas las provincias de la Isla. Se recibieron trabajos de un gran espectro social: personal médico, estudiantes de preuniversitario y universitarios, profesionales, bicitaxistas y cuentapropistas. El Jurado tuvo una ardua labor para seleccionar a los ganadores entre 40 finalistas entre las centenas de trabajos recibidos.

El 89% de los trabajos se refirió al pensamiento martiano: “Me parece que me matan un hijo cada vez que privan a un hombre del derecho de pensar”.

Más de la mitad expresó su inconformidad con la promoción de sentimientos de odio ante el que piensa diferente. Otro tanto puntualizó el deseo de elecciones libres.

Este concurso contó con la colaboración de la aplicación Apretaste! desarrollada por el cubano Salvi Pascual para que los cubanos puedan tener acceso a “internet sin internet”.  Casi la mitad de los trabajos se recibieron por esa vía.

Las cinco menciones de $100 dólares fueron otorgadas a Yadira Torres Rosales, Alejandro Puerto, Raquel Debora Abreu, José Luis Cabrera Cruz y Rebeca Villafaña Villavicencio.

Dada la cantidad de trabajos finalistas el Jurado decidió otorgar otras 5 menciones adicionales de $50 dólares a Brian Ramos Marrero, Luis Aguilar, Felipe Abreu Guerrero, Paulis Sánchez Trujillo y Carlos Santana.

FHRC felicita a todos los participantes de este concurso y los invita a participar en el próximo concurso que se lanzará el próximo viernes 13 de abril: “Mi barrio y yo”

FRAGMENTOS DE LOS TRABAJOS PREMIADOS

Hace un tiempo me pregunté: ¿Que pasaría si Martí resucitara en estos días que vivimos? Creo que moriría de repente con un dolor profundo en su corazón a raíz de ver a Cuba sumida bajo esta opresión.

Y de repente me sorprendí bajo otra incógnita: ¿acaso Martí sería tratado de la misma manera que se trata hoy en día póstumamente? O quizás sería tratado como gusano, traidor o quizás atropellado bajo burlas y calumnias en contra de su manera de pensar.

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El Apóstol entendió la clave para la felicidad general de un pueblo a través del desarrollo individual como un componente esencial en el bienestar colectivo. Solo así se puede combatir la pobreza con crecimiento económico e inclusión social, sabiendo abrir las puertas del sector privado para la entrada de este desarrollo, el cual tendría como requisito indispensable la libertad política de la población.

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¡Necesitamos nuevos líderes! Líderes que vivan como el pueblo, que crezcan sabiendo que su salario no alcanzará siquiera para los artículos de primera necesidad, no líderes que pasen años gobernando y aprovechándose de la buena voluntad de su gente. Ahí no hay amor, ahí solo hay interés por mantener un puesto al costo de lo que sea.

Cuba necesita, hoy más que nunca, despertar. Es imprescindible un cambio radical para ser algún día la isla de ensueño de Martí.

Pienso que debemos preguntarnos: ¿realmente somos libres de pensar y decir lo que deseamos? No, no lo somos y no lo seremos mientras nos quedemos callados con el falso sistema de votación, mientras no salgamos a las calles y reclamemos mejoras salariales, mientras aceptemos que los jóvenes sean expulsados de las universidades por expresar que no están de acuerdo con todo lo que se hace en el país.

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Las condiciones sociopolíticas de la Cuba actual son muy similares a las que el Héroe Nacional sufriera bajo el yugo colonial español. De ahí la amarga contemporaneidad de algunos de sus más celebres apotegmas, de los más punzantes y tristes, relacionados con la libertad de palabra, prensa, pensamiento y con el respeto a la dignidad humana, o los que tienen que ver con el despotismo, con los tiranos, con la represión y la diáspora.

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No es una guerra civil con armas lo que se vive en la isla, es una guerra de odio contra aquel que levanta su voz y dice basta de represión, encarcelamientos, miseria, escasez de medicina.

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Martí y los cubanos queremos una Cuba en la que se respete el derecho a una vida privada, sin interferencias del estado en nuestro hogar, nuestra familia y nuestra correspondencia. Esto significa que a nuestra casa nadie pueda entrar sin nuestro permiso y menos aún ser revisada por ninguna autoridad, salvo con una orden judicial y que nuestros teléfonos no sean intervenidos para escuchar nuestras conversaciones, y que no seamos vigilados como si fuésemos delincuentes solo por pensar diferente.

Una Cuba en la que no se acuse a ningún ciudadano solo por no simpatizar con la revolución.

Una Cuba en la que se respete el verdadero significado que tienen las palabras en los diccionarios de la lengua española por ejemplo: a desempleado “le llaman disponible”, y a huelga de hambre “le llaman ayuno voluntario”, eufemismos que pretenden desviar la atención y confundir.

Una Cuba en la que cada persona se sienta dueño de su vida y no sea propiedad del gobierno ni del estado.

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Nosotros las actuales generaciones de cubanos tenemos la hermosa tarea de entablar una lucha pacífica por la libertad. ¿Cómo hacerlo? Tratando de llegar al corazón de nuestros hermanos, para que entiendan que las ideas de nuestro héroe nacional no son esas, las cuales nos están imponiendo los gobernantes de la Isla. Él quería algo distinto, en toda su vasta obra se  refirió ante todo a la libertad la cual no tenemos los cubanos.

A los gobernantes que utilizan la patria como pedestal, le decimos las  palabras del maestro: “Patria es algo mas que opresión, algo mas que pedazos de terreno sin libertad y sin vida, algo mas  que derecho a la posesión a la fuerza. Patria es comunidad de intereses, unidad de tradiciones, unidad de fines, fusión dulcísima y consoladora  de amores y esperanzas”.

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